Enterrar tu talento
Prudencia, miedo y excusas
En medio de la vorágine de la inteligencia artificial, el scroll infinito en redes sociales y el estrés del día a día, estoy encontrando en la Biblia un pequeño refugio de lectura tranquila, esclarecedora y atemporal.
En Mateo 25:30 encontramos una de las frases más duras atribuidas a Jesús:
“Y al siervo inútil echadle en las tinieblas afuera”
Desde luego, leída de forma aislada, parece una brutal condena para alguien que no estuvo a la altura. Pero no nos dejemos engañar por la portada de un libro. Esta frase es más potente de lo que parece.
Jesús cuenta que un señor, justo antes de marcharse, entregó sus bienes a tres de sus siervos. Cada uno de ellos, como siempre ocurre, tenía capacidades completamente distintas. Por eso mismo, decide repartir su riqueza entre ellos de forma no equitativa.
Al primero le entregó cinco talentos, al segundo le entrega dos y por último, al tercero, le entrega tan solo un talento. ¿Injusticia? No del todo. La decisión la toma teniendo en cuenta la capacidad de cada uno de ellos.
“a cada uno conforme a su capacidad”
El señor partió. Y cada siervo se quedó con su tesoro otorgado. Los dos primeros negociaron con lo recibido y consiguieron duplicarlo.
Sin embargo, el tercero, conocedor de ser menos talentoso, decidió cavar un hoyo y esconderlo bajo tierra. Hoy se conocería como el que guarda el dinero debajo del colchón, o peor aún, en que lo tiene en la cuenta cogiendo polvo.
Pasa el tiempo y el señor regresa para rendir cuentas con sus siervos. El primero le entregó los cinco talentos, más otros cinco que había generado.
“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”
Lo mismo pasó con el segundo. A la hora de rendir cuentas con el tercero, le respondió:
“Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”
A primera vista, podemos entender que el siervo menos capacitado tuvo prudencia. No robó el dinero, no lo despilfarró, simplemente lo enterró en el suelo para no perderlo. Conservó intacto el patrimonio de su señor.
Sin embargo, recibe la reprimenda más severa de toda la parábola. ¿Por qué? Porque su deber no era solo custodiar lo recibido, era hacer algo con ello.
Es probable que la palabra inútil pueda parecer fuerte. En el contexto de la parábola lo asemejaría más al término improductivo. Porque el tercer siervo no es condenado por ser el menos talentoso. De hecho, el señor deja claro que a cada uno le da una responsabilidad ajustada a sus capacidades. Tampoco es castigado por haberlo intentado y haber fracasado.
El verdadero problema de su decisión fue que, llevado por el miedo, nunca decidió si quiera intentarlo. Y ahí está la verdadera enseñanza. No en la desigualdad de talento, sino en la respuesta que cada persona tiene ante aquello que recibe. Con la excusa de que su siervo es duro, utiliza el miedo como una forma de justificar su inacción.
Eso es lo que realmente me hizo reflexionar. Porque lo importante no es si tenemos mucho o tenemos poco. Lo importante es nuestra decisión con respecto a lo que hacemos con eso que tenemos. No si tenemos mucho o poco, sino nuestra respuesta.
Porque si lo enterramos, no lo perdemos. Lo mantenemos, no nos equivocamos. Pero estamos fallándonos a nosotros mismos con esa decisión de impasividad. Porque no solo entierras tu dinero, sino también tu talento y lo que podrías hacer con él. El miedo entierra el dinero, el talento personal y nos obliga a desperdiciar oportunidades.
Es probable que el miedo sea una de las mejores maneras de desperdiciar la vida. No hace falta perderlo todo o tomar una decisión completamente estúpida. Muchas veces basta con no hacer nada. Con conservar lo que tienen mientras el tiempo no para de avanzar. Con esperar eternamente a tener más seguridad, más conocimiento, más dinero o más confianza.
Pasamos días y días consumiendo creaciones de otros, deslizando en el móvil, pensando en llevar a cabo nuestro proyecto o esperando a ahorrar lo suficiente para empezar a invertir.
Pero la vida no va de multiplicar aquello que no tenemos. Tampoco de alcanzar los resultados que han conseguido los otros siervos con una asignación distinta tanto de capital como de talento.
Es todo bastante más sencillo.
La vida va de hacer algo honesto y valiente con aquello que nos ha sido entregado.



Aparte de miedo, creo que hay muchísima pereza contra la que luchar en el ser humano. El tercero de la parábola me parece miedoso y perezoso.
Es mucho más cómodo dejar estar o poner en manos de otro tus finanzas frente a leer e indagar cómo está montado el tinglado del dinero y porquè otros sí pueden vivir de sus inversiones.
Excelente.