El efecto Dunning-Kruger
El zumo de limón, atracos bancarios y curva de aprendizaje del inversor.
Hay historias que parecen escritas por un guionista pasado de café. Una de ellas la protagoniza McArthur Wheeler.
Año 1995. Pittsburgh, Estados Unidos. Un hombre entra en dos bancos, los atraca, mira directamente a las cámaras de seguridad y, por si quedaba alguna duda de su confianza, sonríe.
¿Llevar una máscara o un pasamontañas? Para qué. Tenía un plan mucho más sofisticado. Llevaba zumo de limón en la cara. Sí, como lo estás leyendo, zumo de limón.
La lógica de Wheeler era impecable. El zumo de limón se puede utilizar como tinta invisible sobre el papel. Si escribes con zumo de limón y luego aplicas calor, el mensaje aparece. El típico experimento de sociales del colegio. Hasta ahí bien.
Wheeler decidió llevar ese razonamiento un paso más lejos. Si el zumo de limón hace invisible la tinta, es probable que también pueda hacer invisible tu cara frente a una cámara.
Así que no perdió el tiempo. Se embadurnó la cara con limón, atracó dos bancos y se fue a casa con la sensación de haber cometido el crimen perfecto.
Para sorpresa de nadie le detuvieron una hora después.
Cuando la policía le enseñó las grabaciones, Wheeler se quedó completamente desconcertado. Miraba la pantalla de la comisaría incrédulo, viendo como su cara era perfectamente reconocible y soltó una frase que debería estar grabada en piedra en todas las escuelas de inversión del mundo:
“¡Pero si llevaba zumo!”
La historia es tan potente que llegó a los oídos de dos psicólogos de la universidad de Cornell. Publicaron un estudio inspirado en ese caso que bautizaron con famoso nombre de: “el efecto Dunning-Kruger”.
¿La conclusión del mismo? El sesgo por aquellos que tienen menos conocimientos sobre una materia, son en un alto número de casos, los más convencidos de dominarla.
Y esa reflexión es super potente si sabemos aplicárnosla a nosotros mismos. Quizás no hayamos atracado un banco con la cara llena de limón, pero en inversión, habríamos actuado de una forma similar.
Aquella vez que descubriste el ratio PER y pensabas que ya tenías información privilegiada. Aquella vez que leíste tres hilos de tuiter y decidiste no perderte esa oportunidad intergeneracional de inversión…
Porque Wheeler no actuó desde la duda. Actuó desde la seguridad absoluta. Sonreír mirando a la cámara fue el culmen de su obra.
Porque el mercado tiene una particularidad maravillosa. No te convence, no te corrige con delicadeza. Simplemente te detiene al poco tiempo de haber cometido una estupidez.
Y ahí estás tú, con tu cara llena de limón, viendo en la pantalla del mercado cómo las razones por las que habías tomado una decisión eran cuanto menos estúpidas.
Y ese es el primer paso de asimilar la curva de aprendizaje del inversor.
Al principio sabes poco y crees mucho.
Luego sabes algo más y dudas de todo.
Y, si sobrevives el tiempo suficiente, empiezas a construir criterio propio.
No seguridad, criterio. No consiste en tener razón siempre. Consiste en saber lo que no sabes. Reconocer tus debilidades para superarlas; para superarte.
Porque cada vez que descubres una nueva teoría o modelo mental para entender la inversión, derribas pilares sólidos en tu cerebro sobre cómo funcionaba el mercado.
Porque aprender de inversión también significa aceptar un proceso de destrucción de ideas que tenías como inamovibles, para dar entrada a nuevas formas de entender la inversión.
Porque es un proceso tanto destructivo como fascinante. Esa es la parte verdaderamente incómoda de aprender a invertir. No avanzas y vas acumulando conocimiento nuevo, sino que aprendiendo descubres que muchas de tus certezas afianzadas eran pilares bastante más frágiles de lo que pensabas.
Quizás por eso la verdadera madurez del Inversor Independiente empieza por el principio de esta historia. En dejar de sonreír a la cámara dando por sentados tus conocimientos.
Porque la verdadera diferencia es que todos empezamos invirtiendo con algo de Wheeler en nuestro interior. La diferencia es que algunos, después de ver la grabación, se limpian la cara. Hay otros siguen jurando y perjurando que el limón funciona.



Este articulo es Magistral, toda una clase de sicologia de Inversion !!, Mil Gracias
Excelente. Siempre con notas muy buenas!
Saludos desde Rosario, Argentina.